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Olas de 120 metros de altura; sí, pero en Marte

Hace ya años que sabemos que Marte albergó, en su lejano pasado, ríos, lagos y mares. El estudio de su orografía ha dejado claro, por ejemplo, que hace unos 3.400 millones de años un vasto océano cubrió la mayor parte de las tierras bajas del hemisferio norte del planeta. Un océano alimentado, se cree, por una serie de enormes y catastróficas inundaciones cuyo origen, sin embargo, ha permanecido hasta ahora envuelto en el misterio debido a la ausencia de unas líneas costeras claramente definidas. Pero un estudio llevado a cabo por investigadores del Instituto de Ciencias Planetarias en Tucson, Arizona, y recién publicado en Nature Scientific Reports ha revelado que una enorme cantidad de sedimentos situados en las llanuras septentrionales de Marte fueron depositados allí por dos ‘megatsunamis’, dos olas gigantescas , según publicaba días atrás ‘El País’.


Las olas provocadas por los tsunamis podrían haber alcanzado los 120 metros de altura en la línea de costa, penetrando en el continente distancias de hasta 700 kilómetros”, según explican Mario Zarroca y Rogelio Linares, investigadores del departamento de Geología de la Universidad Autónoma de Barcelona, en una nota de prensa difundida por su institución.

Es difícil encontrar catástrofes de esta magnitud incluso en las etapas más violentas de la historia geológica de la Tierra. El primer tsunami arrastró bloques de roca de más de 10 metros de diámetro, dejando a su paso grandes depósitos de sedimento y rocas y canales excavados al retirarse la inundación que han podido identificarse gracias a las imágenes de alta resolución.

“La suave topografía de las tierras bajas del norte de Marte, así como las particulares condiciones de propagación de las olas bajo una gravedad muy inferior a la de la Tierra habrían propiciado que las distancias de inundación fueran enormes comparadas con las observadas en la Tierra”, resaltan los autores.

Los dos tsunamis ocurrieron en el lapso de unos pocos millones de años, un tiempo durante el cual el nivel del mar bajó el clima se hizo más frío. El segundo tsunami dejó a su paso grandes masas de hielo denominadas lóbulos. De cara a futuras misiones de exploración, estas lenguas glaciares son una auténtica máquina del tiempo para conocer el extinto océano marciano. “Estos materiales están relativamente cerca de sitio de aterrizaje de [la misión] Mars Pathfinder”, ha explicado Alexis Rodríguez, investigador del centro Ames de la NASA y primer autor del estudio. “El hecho de que muchos de los lóbulos tengan límites bien definidos y que aún conserven su morfología característica sugiere que probablemente aún contengan salmuera congelada del antiguo océano y que podrían haber preservado su composición primaria”, ha resaltado.




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