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El leash, la historia de un amigo

Los más nuevos probablemente no han tenido que pasar por la experiencia de tener que fabricarse su propio ‘leash’, pero los más veteranos seguro que en su día tuvieron que improvisar un invento para evitar tener que remar detrás de la tabla cada vez que se caían de la tabla. Muñequeras, cuerdas, mangueras y todo objetos eran buenos para lograr el objetivo, aunque a veces aquello tenía un coste en forma de heridas y rozaduras. Eran tiempos en los que el material no circulaba como ahora y en los que encontrar un ‘leash’ era realmente complicado.

Este mismo problema lo tuvieron mucho antes los primeros surfistas. En 1930 ya se tiene constancia de los primeros inventos, también denominados amarraderas. El shaper estadounidense Tom Blake utilizó un cuerda de algodón como leash que daba con las tablas que vendía, pero dejó de hacerlo precisamente por las heridas que producía. En los 50 el francés George Hennebutte inventó un sistema con doble velcro y una cuerda elástica, concretamente en 1958, pero aquel sistema que iba anclado a la tabla y al tobillo predecesor de los actuales no llegó a ser construido en serie.

Finalmente muchos estudiosos del surf coinciden en que fue Pat O’neill, el hijo del mítico Jack O´neill, el que en 1970 usó tubos quirúrgicos para unir la proa de su tabla a su muñeca. Solo un año más tarde, un par de empresas en California, Control Products y Block Enterprises empezaron a vender sistemas de agarre basados en la idea del francés Hennebutte. El sistema de Pat O´neill no fue demasiado bien, de hecho llegó a perder un ojo cuando la goma elástica que usaba se partió y le golpeó en la cara.

El uso de los leash llegó a convertirse en un asunto de estado. La prestigiosa revista ‘Surfer Magazine’ publicó un reportaje ‘To Leash or Not to Leash’ se preguntaba si era lícito el empleo de este elemento. Los más puristas argumentaban que con el se perdía la esencia del surf porque así se remaba menos y se evitaba tener que nadar detrás de la tabla, y eso provocaba que los picos estuviesen más saturados. Curiosamente surgió una tendencia que bajo el lema ‘las correas son para los perros’ predicaba la práctica del surf sin el leash. Sin embargo, a finales de los setenta y principios de los ochenta el invento era ya algo de uso común en todas las partes del mundo.

Barras de uretano

Barras de uretano

Sin duda lo más importante que vino después fue el uso de distintos materiales que hicieron su uso más seguro. Los primeros leash fabricados en series eran peligrosos porque resultaban demasiados elásticos y las tablas volvían hacia el surfer como auténticos proyectiles. Tras probar con materiales como la goma, el nylon, el compuesto más habitual es el uretano, con el que se fabrica el poliuretano. Además, las marcas han ido evolucionando el sistema de sujeción con antivueltas, sistemas de seguridad para desprenderse del leash en caso de quedar atrapados en el arrecife o rocas, bolsillos, etc.

Los hay de distintos grosores y longitudes, y para el uso normal se recomienda un leash de al menos la misma medida de la tabla. Los de olas más grandes son más largos y gordos porque además se convierten en un elemento de seguridad. A la hora de instalarlo hay que tener en cuenta que la cuerda que une el leash con el tintero no sobresalga del canto de la tabla, para evitar que la raje, esto es algo clave si no quieres sufrir una avería importante.

Fuentes: Encyclopedia of Surfing y Surfer Magazine.



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